
Los hechos ocurridos en las últimas semanas sacudieron el mapa político del país. Por un lado, el asesinato de Mariano Ferreyra desenmascara las mafias enquistadas en los sindicatos y su estrecha relación con el gobierno K. Donde no se conformaron con los métodos patoteriles y burocráticos con que se manejan a diario, sino que agudizaron su ataque a los nuevos luchadores que plantean una forma de organización democrática, pasando directamente a matar. De esta manera, se pone de manifiesto que tanto los trabajadores como los estudiantes necesitamos avanzar en un nuevo modelo sindical. Verdaderamente democrático e independiente de las autoridades, que se rija por las decisiones de las bases y que contemple a la representatividad de las minorías.
Por otro lado la muerte de Kirchner, que evidentemente provocará reacomodamientos, roces y disputas hacia el interior de los partidos tradicionales. Ahora bien, estos hechos no niegan una necesidad que tenemos los de abajo.
Existe un enorme potencial político entre los trabajadores y el pueblo, que anhelan un cambio de rumbo y que se abra un nuevo tiempo en el país en favor de las mayorías y a tono con los cambios que vive latinoamérica. Esto era evidente antes de la muerte de Kirchner y lo es aún. Es por eso que desde el MST venimos peleando por construir una herramienta política, social y cultural unitaria que tenga vocación de gobernar y de organizar a miles de compañeros, para lograr la segunda y definitiva independencia, la recuperación de nuestros recursos estratégicos y la plena vigencia de todos los derechos de los trabajadores y el pueblo. Es en ese camino, nuestro actual trabajo mancomunado con Pino Solanas y Proyecto Sur.
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